Amycos. Organización no gubernamental para la cooperación solidaria

Amycos

Testimonios Voluntariado Internacional

UNA VISIÓN DEL SUR

Os presentamos a Javier Andaluz, un joven abulense que ha participado, en julio de 2009, en el programa Jóvenes Solidarios. Permaneció durante tres semanas en Nicaragua, donde conoció de cerca algunos de los proyectos de Amycos. Ahora quiere compartir con todos vosotros parte de esta experiencia. Uno de los primeros sitios que visitamos fue “la Read more...

UNA VISIÓN DEL SUR

Os presentamos a Javier Andaluz, un joven abulense que ha participado, en julio de 2009, en el programa Jóvenes Solidarios.

Permaneció durante tres semanas en Nicaragua, donde conoció de cerca algunos de los proyectos de Amycos.

Ahora quiere compartir con todos vosotros parte de esta experiencia.

Uno de los primeros sitios que visitamos fue “la comunidad de Betania, situada en los alrededores del municipio de Posoltega, una comunidad formada por segundos desplazados del huracán Mitch, donde Amycos tuvo un proyecto de vivienda. Pasamos la noche con ellos, y a la mañana siguiente desayunamos con las familias, las cuales se mostraron muy acogedoras y fomentaron un encuentro muy emotivo para mi. Tras esto compartimos con los chicos del pueblo diferentes juegos y una piñata.

Después visitamos otras comunidades donde se habían llevado a cabo proyectos de vivienda, unos más exitosos que otros. También visitamos comunidades rurales como los Llanos y Mª Jesús Olivas. En esta última comunidad se estaba llevando a cabo un proyecto de viviendas y tuvimos la oportunidad de echarles una mano para pintar sus casas. Visitamos también la isla de Ometepe, donde compartimos el día con una cooperativa de agricultores, y también visitamos un proyecto cerca de León donde se había hecho una escuela, un comedor,…”

Además de esto “en la capital tuvimos la posibilidad de acercarnos a la UCA (Universidad Centroamericana), donde importantísimos ponentes como Fernando Cardenal, María Vigil, la gente del Instituto Juan XXIII, etc. nos dieron una visión histórica, política y económica de Nicaragua, lo que nos sirvió muchísimo para enmarcar nuestras actuaciones”.

También ha querido mostrarnos algunas de sus impresiones sobre la gente que conoció y los principales problemas que ha podido percibir.

“Me resulta difícil juzgar a los nicas, pues lo primero que ves de ellos es que tienen las puertas abiertas y la sonrisa en la cara, y saben encontrar algo positivo. Lo que contrasta con la realidad de su país que es inmensamente rico en recursos naturales (recordemos que sacan 3 cosechas anuales), pero en el que sin embargo esos recursos están en manos de otros que se comportan como usureros y poseen el territorio”, por eso una de las primeras tareas debería ser la de “tener la tierra y ser responsables de ella”.

“A mi modo de entender el principal problema a nivel económico es el éxodo de capitales: el país se convierte en un punto de paso donde no se queda ningún beneficio económico de lo que allí se hace con los recursos naturales ni con la producción industrial, de forma que la economía nicaragüense se ve sometida a un desangre continuo de riqueza, pero sin embargo poseen una riqueza renovable en forma de agricultura.

A nivel político me parece que la situación es muy preocupante. Los gobiernos liberales explotaron hasta límites insospechados a los nicas, lo que generó un fuerte movimiento de respuesta. La lucha continua entre los liberales y los sandinistas se ha estancado y ha llegado a un punto de comedia donde lo liberal representa el imperialismo yanki y lo danielista nuevas formas de despotismo ilustrado que amenaza con convertirse en una parodia burlesca de las dictaduras comunistas de Sudamérica. Y creo que ambas visiones son muy perjudiciales, cada una a su modo, para los nicas.

A nivel educativo creo que faltan algunas cosas de vital importancia. Lo primero que he percibido ha sido la existencia de un gran machismo, la más preocupante violencia intrafamiliar y también la visión, en algunos casos, de los niños como mera mano de obra, además de una cierta dejadez en temas de residuos y de higiene. Considero que estos puntos son los actuales caballos de batalla que debe abordar un buen plan educativo en Nicaragua”.

Siguiendo la filosofía de Amycos, Javier también nos da algunas pistas de los que podemos hacer desde aquí para tratar de cambiar el mundo del Sur. “Lo primero es hacer llegar a todo el mundo lo que hemos vivido, ya que ha sido una experiencia transformadora, y debemos intentar que transforme en la medida de lo posible a todo el que podamos. En segundo término apostar por un modelo de vida, y por tanto, un modelo de consumo lo más ecuánime posible, apostando por el comercio local y por el Comercio Justo.

Y en último término, y no por ello menos importante, colaborar con nuestro trabajo o con nuestro dinero con organizaciones que impulsen en países del sur proyectos de cooperación internacional, desde una perspectiva de desarrollo de los pueblos y no desde una perspectiva caritativista o colonialista.”

LO QUE QUEDA DE UNA INTENSA EXPERIENCIA

Ruth Pérez es una de las participantes en el programa Jóvenes Solidarios 2010. Ella, junto con otros diez jóvenes, viajó hasta Niacaragua para recorrer sus comunidades, compartir experiencias con sus gentes y aprender de una visión diferente del mundo. Esto es lo que le sigue conmoviendo un año después… Es difícil expresar con palabras una Read more...

LO QUE QUEDA DE UNA INTENSA EXPERIENCIA

Ruth Pérez es una de las participantes en el programa Jóvenes Solidarios 2010. Ella, junto con otros diez jóvenes, viajó hasta Niacaragua para recorrer sus comunidades, compartir experiencias con sus gentes y aprender de una visión diferente del mundo. Esto es lo que le sigue conmoviendo un año después…

Es difícil expresar con palabras una experiencia como la que viví durante el verano pasado en Nicaragua, cuando las cosas se sienten tan adentro es complicado canalizar y encajar esos sentimientos en tu vida cotidiana. Sólo fueron tres semanas, pero nada ha vuelto a ser igual.

Después de un viaje lleno de problemas, aterrizamos en Managua y nos dirigimos sin perder ni un minuto a “Betania” la comunidad dónde el resto del grupo nos esperaba. Supongo que la memoria es selectiva y guarda los momentos importantes en un rinconcito para que podamos recuperarlos cada vez que nos hacen falta, porque recuerdo el instante preciso en el que me bajé de la camioneta, la cara de la persona que me ayudó, la ropa que llevaba puesta y la que llevaban mis nuevos compañeros. Recuerdo un montón de niños a mi alrededor expectantes ante la nueva visita, el olor a tierra mojada, ese olor que tantas veces estando en España me traslada a mi Nicaragua con tan solo cerrar los ojos. En ese momento, me sentí desconcertada, incluso un poco asustada, ¿qué podía aportar a toda esa gente desconocida que me recibía con tanto cariño?, ¿qué podía hacer para mejorar la situación de un país en el que la injusticia está al orden del día? Ingenua de mí, todavía no me daba cuenta de que no se trataba de cambiar el mundo, sino de cambiar mi mundo.

Fueron ellos los que me enseñaron a mí, cada persona que encontramos a lo largo de nuestra estancia, cada situación desgarradora, cada niño sin la oportunidad de jugar, de estudiar, de tener medicinas. Todos se fueron instalando en mi corazón y a día de hoy siguen ahí, recordándome que esto no se puede permitir, que se puede y se debe luchar con todas las fuerzas por un mundo más justo. No voy a volver a conformarme, ni voy a volver a pensar que yo sola no puedo cambiar las cosas, que eso es responsabilidad de otros, de los políticos, de los que tiene poder. No voy a resignarme y a defraudar a los luchadores infatigables que conocí, que compartieron su historia conmigo y despertaron en mí la ilusión de formar parte de esta lucha. En Nicaragua mi corazón se rompió en pedacitos para reconstruirse y latir con más fuerza, con la fuerza que su pueblo me transmitió, con la que vi en los ojos de Fernando Cardenal, de Indiana, de Mercedes, de Emilio, de Pancho y de tantos otros héroes anónimos que viven dedicados a llenar de luz su país.

A mi vuelta me atormentaba la idea de ser coherente con lo que había vivido y sentido, de no dejarme vencer por mi realidad, por mi egoísmo, que simplemente el tiempo jugara su papel y mi Nicaragua y todo lo que representa dejara de doler. Tenía miedo de ser débil y en unos meses recordar esta experiencia como algo intenso que viví, pero que quedó atrás. Afortunadamente, mis miedos eran infundados y mi Nicaragua duele cada día más, duele su ausencia, duele sentir que un pueblo con recursos tanto materiales como humanos tenga que soportar tanta injusticia, tantos desastres naturales y políticas poco acertadas, duele saber que hay demasiadas “Nicaraguas” repartidas por el mundo. Pero allí me enseñaron la lección más importante de mi vida, ese dolor se puede transformar en energía positiva, en esperanza, en espíritu crítico, en responsabilidad, porque mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.

No concibo hablar de esta experiencia sin hacer una mención especial a mis compañeros de viaje que en este tiempo se han convertido en grandes amigos, con ellos descubrí la esencia de un país, de sus gentes, de lo que significa ser voluntario. Ellos me han dado la fuerza para seguir con este sueño, a veces no es necesario viajar muy lejos para ver la grandeza de las personas. Ellos me hacen creer que todo es posible, que juntos podemos equilibrar las absurdas desigualdades de este planeta.

SER VOLUNTARIO TE CAMBIA LA VIDA

A continuación, presentamos las primeras impresiones de Beatriz Arteaga y Rubén Esteban Bardal, dos leoneses que se encuentran realizando su voluntariado en Nicaragua durante el mes de agosto. Esto dos docentes participan en Acercándonos al Sur 2011, el programa de voluntariado internacional de Amycos. Ambos llevan a cabo tareas de cooperación en el ámbito educativo Read more...

A continuación, presentamos las primeras impresiones de Beatriz Arteaga y Rubén Esteban Bardal, dos leoneses que se encuentran realizando su voluntariado en Nicaragua durante el mes de agosto. Esto dos docentes participan en Acercándonos al Sur 2011, el programa de voluntariado internacional de Amycos. Ambos llevan a cabo tareas de cooperación en el ámbito educativo a la vez que ponen en práctica sus conocimientos adquiridos durante sus estudios de magisterio.

Beatriz Arteaga Pastor. 29 años. León. Magisterio Educación Especial, Audición y Lenguaje, y Educación Infantil. Universidad de León.

Rubén Esteban Bardal García. 32 años. León. Magisterio Lengua Extranjera (Inglés) y Psicopedagogía. Universidad de León.

- ¿Por qué motivo iniciasteis este proyecto?

Nuestra motivación principal fue conocer la realidad en primera persona de un país de sur, y ser conscientes de sus necesidades, forma de vida, costumbres, etc. Al mismo tiempo, establecer una relación de enriquecimiento mutuo en la que ambas partes aporten algo.

Por otro lado, como educadores sentíamos la curiosidad de conocer la realidad educativa de Nicaragua, para poder llevar a la práctica los conocimientos adquiridos durante nuestros estudios, y también nos parecía interesante el poder aprender otras formas de trabajar en contextos completamente diferentes al nuestro. Un claro ejemplo es la ausencia de material de la que dispone el personal docente de Nicaragua, lo cual dificulta aún más su tarea, el alto grado de absentismo escolar, etc.

Otra de las motivaciones que nos ha llevado a vivir esta experiencia ha sido buscar un enriquecimiento personal que nos ayudara a ampliar nuestra perspectiva del mundo, así como crecer a nivel personal y profesional.

- ¿Cuánto tiempo estaréis en Nicaragua?

El proyecto se desarrolla durante todo el mes de agosto.

- ¿Cuál es vuestra opinión sobre la experiencia que estáis viviendo?

Nuestra experiencia está siendo muy positiva, ya que estamos teniendo la oportunidad de conocer el día a día de la Nicaragua más humilde, así como el resultado palpable de los diferentes proyectos que AMYCOS ha puesto en marcha en varias comunidades rurales del país. En este sentido, todos los beneficiarios se muestran muy agradecidos por haber tenido la fortuna de participar en dichos proyectos, los cuales han ayudado a mejorar sustancialmente sus condiciones de vida.

La aceptación y el maravilloso recibimiento que hemos tenido en todos los lugares por los que hemos pasado hacen que queramos devolver todo el cariño que nos han dado aportando nuestro pequeño granito de arena a este humilde país.

También es cierto que queda mucho trabajo por hacer y que es el propio pueblo nicaragüense el que tiene que continuar luchando día a día para ser autosuficiente y de este modo no depender de la ayuda extranjera.

-¿En qué consiste vuestro día a día en Nicaragua?

Durante la primera semana de nuestra estancia en Nicaragua hemos estado visitando los proyectos que AMYCOS tiene en diferentes lugares como Managua o Las Tablas (donde se está comenzando un proyecto de vivienda), y conociendo el funcionamiento de la contraparte en destino, en este caso el CEPA.

Después de esta semana de adaptación, llegamos a la comunidad de María Jesús Oliva, que es donde estamos viviendo y desarrollando nuestra labor educativa y de ocio y tiempo libre.

Diariamente acudimos a la escuela de 8:00 a 13:00 para apoyar dentro de las aulas el trabajo de las dos maestras de la comunidad. Dado el gran número de alumnos y la gran diversidad de niveles existente en el aula, esta labor permite realizar un trabajo individualizado con los alumnos con más dificultades, que sería imposible con los recursos humanos y materiales de los que disponen actualmente.

Después de comer, de 15:00 a 17:00, realizamos un refuerzo educativo, al que los niños acuden voluntariamente para continuar trabajando los aspectos curriculares básicos, mejorar la lectura mecánica y comprensiva, así como operaciones de cálculo elemental.

De forma transversal, intentamos trabajar una serie de aspectos y valores como la higiene y la salud, la igualdad de género, la solidaridad y el compañerismo, etc.

Finalmente, dedicamos un tiempo a realizar una serie de juegos y dinámicas que contribuyen a mejorar una serie de aspectos sociales y a devolver parte de la infancia a unos niños que se ven condenados a trabajar desde pequeños debido a sus condiciones de pobreza.

Todas estas actividades tienen una gran acogida y participación por todos los niños de la comunidad, desde los más pequeños de 3 años hasta los más mayores de 15 años.

- ¿Qué es lo que más os está gustando?

En primer lugar, nos gustaría destacar la enorme suerte que hemos tenido al poder participar en el programa de becas del Área de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de León, y de colaborar con una ONGD como AMYCOS, quien nos ha dado la oportunidad de colaborar en un proyecto serio y consolidado.

Lo que más destacamos de esta experiencia es la amabilidad y el cariño que nos dan todas las personas que hemos conocido, y muy especialmente los niños. También, la felicidad que desprenden, a pesar de las duras condiciones de vida que tienen.

Es muy positivo poder ver directamente cómo se llevan a cabo los proyectos que se gestan desde España, gracias al apoyo de ONGDs, Administraciones Públicas, y gente anónima, y que tienen su resultado real y tangible en el terreno, con una minuciosa organización y distribución del presupuesto económico y del trabajo a realizar, destacando en este aspecto la labor realizada por AMYCOS en Nicaragua, con la ayuda de la contraparte y la colaboración de voluntarios que vienen anualmente a participar de esta experiencia.

Por otro lado, queremos destacar también la enorme riqueza de este país, tanto a nivel cultural, como gastronómico, paisajístico, etc., que esperamos contribuya al futuro desarrollo de Nicaragua.

- ¿y lo que menos?

Lo que menos nos ha gustado es la dureza de las condiciones de vida en la que vive la gente, que repercute especialmente en los niños, los cuales tienen que trabajar desde bien pequeños para ayudar en sus hogares, ya sea recogiendo leña, cargando agua, cocinando, cuidando a los hermanos pequeños, y en algunos casos, trabajando en las labores del campo para aportar dinero a la economía familiar.

-¿Es la primera vez que participáis en un proyecto de estas características?

Rubén: Ya había participado hace unos años en un proyecto similar, que consistió en la reconstrucción de un colegio de un pequeño pueblo de Marruecos.

Beatriz: es la primera experiencia solidaria.

- ¿Consideráis que va a influir de alguna manera en vuestras vidas?

Por supuesto que influye e influirá en nuestras vidas. Pese a que luego volvamos a nuestro mundo “fácil” y lleno de comodidades, algo siempre queda, sobre todo a la hora de relativizar los problemas que nos puedan surgir en nuestra vida diaria en España, dándonos cuenta de lo que realmente importa en la vida, teniendo en cuenta las carencias que tienen en otros lugares del mundo, a nivel educativo, sanitario, alimenticio, etc.

Además, queremos trasladar esta vivencia a la gente que nos rodea y a nuestros futuros alumnos, y para reclamar a través de la educación, la necesidad de construir entre todos un mundo más justo y mejor.

- Por último, ¿repetiríais la experiencia?

Sí por varias razones, la primera de ellas es que nos gustaría participar en un proyecto educativo de mayor duración y que fueran destinatarios un mayor número de beneficiarios.

Por otro lado, confiamos en que todo este tipo de proyectos den la posibilidad al país de desarrollar todo su potencial y dejar de lado el empobrecimiento al que se ha visto sometido en los últimos años por diferentes motivos (d

MEMORIA DE MI ESTANCIA EN JYNCE

África Jiménez estuvo durante un mes conociendo y colaborando en el proyecto JYNCE (Jóvenes y Niños con Esperanza), apoyado por Amycos en el barrio de San Judas, en Managua, Nicaragua. La dura realidad que viven los menores que participan en este proyecto suscita innumerables reflexiones y hace que se cambie las perspectiva de muchas cosas… Read more...

MEMORIA DE MI ESTANCIA EN JYNCE

África Jiménez estuvo durante un mes conociendo y colaborando en el proyecto JYNCE (Jóvenes y Niños con Esperanza), apoyado por Amycos en el barrio de San Judas, en Managua, Nicaragua.

La dura realidad que viven los menores que participan en este proyecto suscita innumerables reflexiones y hace que se cambie las perspectiva de muchas cosas… África nos cuenta algunas de sus impresiones.

“La verdadera realidad no es la que es, sino la que está pujando por ser” (Paulo Freire).

He pasado un mes compartiendo la experiencia de participar en el proyecto y creo que esta frase de Freire refleja la esencia de lo que para mí es Jynce, ya que como su nombre indica, atiende a jóvenes, niños y familias que, pese a las condiciones adversas en las que les ha tocado nacer y vivir, o mejor dicho sobrevivir, lejos de caer en la resignación de asumir esa injusta realidad, tienen la esperanza de que a través de su esfuerzo, y con los apoyos necesarios, puedan salir de la pobreza en la que se encuentran.

Esa realidad de esperanza en la transformación social, acompañamiento en el proceso de autosuperación y el trabajo de concientización y formación es el que realizan los voluntarios y colaboradores de Jynce, ofreciendo los recursos necesarios para empoderar a estas familias, que son la verdaderas protagonistas, ya que Jynce es ante todo un proyecto comunitario del barrio, abierto a todas aquellas personas que estén dispuestas a afrontar el reto de cambiar su destino.

Quiero tratar de contar brevemente las memorias de mi actividad durante este mes a través de la transformación interior que yo he vivido, ya que para mí éste no ha sido un mes tanto de dar como de recibir, porque internamente me marcho con la sensación de haber crecido y reflexionado sobre la vida, en definitiva.

Cuando una vive en su vida de país del norte (aunque allí también hay de esa pobreza que llamamos 4º mundo y uno-a tiene que ganarse con esfuerzo lo que consigue), y piensa en todos los recursos educativos, sanitarios, oportunidades laborales,…, y cierta vida de confort en la que le ha tocado disfrutar por el azar de nacer en un lugar y época histórica concreta, y se pregunta, como a mí me ocurrió, por qué a pesar de vivir en un mundo donde la mayoría de los países son democráticos y los gobiernos luchan supuestamente por equilibrar las desigualdades sociales, ocurre que todavía hay personas que pasan hambre, que se mueren por enfermedades que podrían ser curables si tuvieran acceso a médicos y medicinas o que tienen que trabajar desde muy niños para poder subsistir,…. Podemos desde luego culpar al liberalismo económico, a los intereses particulares de poder y riqueza o a la inmoralidad de los gobiernos, pero si a una, como es mi caso, le toca la ¨fibra de la indignación¨, puede tratar de movilizarse y reaccionar, desde el pequeño radio de acción que pueda ofrecer. Me conmociona que se permita que haya gente de viva en condiciones infrahumanas, y eso es lo que me movilizó a conocer Nicaragua desde un proyecto local como Jynce.

En el asentamiento de San Judas, donde está ubicado el proyecto se puede observar delincuencia, consumo de drogas (principalmente alcoholismo), familias con escasos recursos que no tienen para cubrir las necesidades de alimentación, vestido, higiene o de salud cuando se enferman, también se observan niños y niñas que tienen que trabajar para sobrevivir, violencia intrafamiliar (tanto violencia de género como maltrato infantil), abandonos de menores (principalmente de los padres, pero también de algunas madres), absentismo escolar de algunos niños y niñas, infraviviendas, etc. Pero también se puede observar esa realidad que está pujando por ser, a la que me refería en el inicio: niños, niñas y madres (ya que hay una escasa representación de padres) que vienen cada día (incluso antes de la hora del comienzo de las actividades) deseosos de disfrutar de las instalaciones de Jynce, que representan un espacio de juego y risa, protección, refugio donde ser escuchados y valorados, donde poder recibir un apoyo educativo, supone un refuerzo de la autoestima tanto para los menores como para las madres, que a través de la escuela de familia, de los talleres para adolescentes, de los talleres de educación en valores o el refuerzo educativo en las principales materias de la escuela, hacen que sientan que son capaces de aprender, mejorar, superar retos,… También hay otras actividades del proyecto que favorecen el desarrollo global de los niños, como las actividades lúdicas y recreativas que celebran en el período vacacional que les permite evadirse de su dura vida (en el que tuvimos la oportunidad de llevarles a la piscina, y que para muchos es la única oportunidad que tienen en el año para salir del barrio), también se favorece el cuidado de las instalaciones y el valor de ganarse lo que reciben (ya que de lo contrario podría entenderse como un trabajo asistencialista), de modo que tanto los menores como las madres se comprometen a la asistencia a las actividades, al mantenimiento y limpieza del espacio, y a cambio reciben la donación del equipamiento escolar, las fiestas puntuales, y todas las oferta de actividades del proyecto.

Jynce es un proyecto que a través de su eje principal, que es la educación para prevenir el fracaso escolar y favorecer la capacitación, trabaja otras áreas que lo hacen integral como la convivencia familiar y comunitaria, la educación para la salud y el autocuidado,… En definitiva el empoderamiento para la transformación de esa realidad.

Jynce es una gran familia en la que todos: los menores, las familias, los voluntarios y colaboradores protagonizan las actividades de forma democrática, donde me he sentido muy acogida y valorada participando de todas las actividades, donde he intercambiado saberes por experiencia y viceversa, permitiéndome sentirme una más. Me siento muy afortunada por haber conocido tanto a la coordinadora (para la que este es su proyecto de vida y ella es un ejemplo de compromiso y entrega hacia los pobres) como cada niño y niña que me han dado una lección de autosuperación, entusiasmo y esfuerzo, como conocer a esas madres, que con gran responsabilidad y lucha asumen la carga de sobrevivir y tratar de ofrecer un futuro mejor a sus hijos.

Me llevo a Jynce y cada una de las personas que he conocido a mi experiencia vital y en el recuerdo, y me llevo el compromiso de dar legitimidad a esta realidad, contando, a través de lo que mis sentidos percibieron, el mensaje de que otro mundo es posible, aunque para ello haga falta el compromiso y apoyo de la humanidad.

A todos y todas os animo a reaccionar y transformar esta injusta realidad.

Hasta siempre Jynce, gracias por todo lo que he recibido.

VIAJE A LIBERIA

  Uno de los colaboradores de Amycos ha pasado su verano en Liberia trabajando en campos de refugiados. Desde aquí te invitamos a que conozcas algo mejor la realidad de este país de África occidental a través de su testimonio. La idea de viajar a África llevaba tiempo rondándole la cabeza, y este verano aprovechó Read more...

 

VIAJE A LIBERIA

Uno de los colaboradores de Amycos ha pasado su verano en Liberia trabajando en campos de refugiados. Desde aquí te invitamos a que conozcas algo mejor la realidad de este país de África occidental a través de su testimonio.

La idea de viajar a África llevaba tiempo rondándole la cabeza, y este verano aprovechó la invitación del presidente del Servicio Jesuita a Refugiados, Alberto Plaza, para desplazarse hasta Liberia, donde permaneció dos meses y medio.

David explica que, debido a la difícil situación política y social del país, estuvo la mayor parte del tiempo en Monrovia, la capital, pero que desarrollaba su trabajo en la región selvática de Bomi. Allí su principal tarea era facilitar el retorno de los refugiados a su lugar de origen, mediante la reconstrucción de escuela y el desarrollo de diferentes proyectos agrarios.

Tras quince años de una violentísima y sangrienta guerra civil, y del mayor despliegue de fuerzas y funcionarios de Naciones Unidas de todo el mundo, se ha llegado al mantenimiento de una paz forzada desde hace tres años, en la que el gobierno está presidido por Ellen Jonson (primera mujer africana en el poder). En mayo de este año se decretó el cierre legal de todos los campos de refugiados que poblaban el país, por lo que la vuelta a casa de los miles de desplazados es una de las necesidades básicas de Liberia.

Además del profundo trauma psicológico que deja una guerra civil en cualquier sociedad, una herida que, como señala David, “tardará años en cerrar”, no debemos olvidar que Liberia se encuentra en una situación de extrema pobreza y desamparo.

Nuestro colaborador asegura que no hay luz ni agua corriente en todo el país. “Hace unos meses se inauguró un semáforo en la capital y supuso todo un motivo de celebración”, afirma David. Esta difícil situación contrasta con la multitud de recursos que tiene el país: “agua, diamantes, caucho, un puerto estratégicamente envidiable,…”. Sin embargo la corrupción, el alto porcentaje de armas en la zona, la falta de infraestructuras, la peligrosa inestabilidad social y el alto riesgo de un nuevo enfrentamiento hacen que la situación no mejore. Además, cabe señalar que hay muchos intereses en que esto no cambie. “Existen muchos intereses para que este puerto esté desestabilizado para todo tipo de tráfico: diamantes, armas, drogas,… y los conflictos en el país favorecen esa instabilidad”. Pese a esta dramática situación David afirma que “a la vez escuchas un clamor de esperanza ante la vuelta a la normalidad. […] el país está, poco a poco, creyendo en esa posibilidad de paz”.

Desde su experiencia, David asegura que, en muchos aspectos, la actual forma de trabajar desde el Norte para solucionar los problemas en el sur, y más concretamente en África, no es la adecuada. El principal error que señala es que su sociedad es radicalmente distinta a la nuestra. Su forma de concebir el mundo, la religión, la familia, es muy diferente y esto hace que nuestra idea de desarrollo no se adapte a sus verdaderas necesidades. “Vamos a ayudarles, a desarrollarles, desde nuestra visión”. Sin embargo David reconoce que la educación es el eje para que la actual generación África pueda mirar con esperanza al futuro, y que la divulgación en los países ricos de la verdadera realidad africana sigue siendo imprescindible.